Inteligencia artificial y su impacto en recursos: análisis de consumo eléctrico y de agua 2024-2030

Inteligencia artificial y su impacto en recursos: análisis de consumo eléctrico y de agua 2024-2030
Contenido
  1. Resumen en 30 segundos: las ocho cifras clave
  2. Por qué las cuentas no cuadran: cinco parámetros que nadie fija
  3. Cuánta electricidad consumen los centros de datos
  4. Cuánto demanda una única petición
  5. El agua: tres grifos distintos
  6. Entrenamiento frente a inferencia: dónde está el coste real
  7. El inconveniente no es general, sino local
  8. Qué mitiga realmente el impacto
  9. Cómo auditar cualquier titular sobre consumo de IA
  10. Lo que todavía no sabemos
  11. Preguntas frecuentes
  12. Enfoque y alcance de este texto
  13. Referencias

Los cálculos difundidos acerca del gasto energético de una única petición a un modelo de lenguaje oscilan en un intervalo superior a tres órdenes de magnitud: abarca desde 0,24 vatios-hora hasta prácticamente 30. No se trata de que ciertas fuentes falseen los datos y otras acierten, sino de que evalúan parámetros diferentes. Este texto recopila, basándose en documentos originales y con revisión científica, el gasto real de la inteligencia artificial tanto en recursos hídricos como eléctricos, analiza el motivo por el cual los datos publicados resultan contradictorios y enseña a interpretar de forma correcta cualquier noticia al respecto. Se incorporan las estadísticas conjuntas de la Agencia Internacional de la Energía junto con el Lawrence Berkeley National Laboratory, los registros de rendimiento operativo de Google, la primera evaluación integral del ciclo de vida perteneciente a un sistema comercial (Mistral), además de las investigaciones universitarias que miden el impacto sobre el agua. Hacia el final se adjunta un repertorio bibliográfico dotado de DOI para facilitar la comprobación independiente de cada información.

Resumen en 30 segundos: las ocho cifras clave

Si solo vas a leer una parte de este artículo, que sea esta tabla. Cada fila indica la fuente y el año, porque sin eso el número no significa nada.

MagnitudCifraFuente y año
Electricidad de todos los centros de datos del mundo (2025)≈485 TWh — un 1,5 % del consumo eléctrico mundialAIE, Electricity 2026
Proyección para 2030≈945 TWh — cerca del 3 % mundialAIE, Energy and AI (2025) y Electricity 2026
Parte atribuible específicamente a cargas de IA (2025)≈155 TWh de los 485 TWh (≈20 % del total)AIE / Aczel et al. (2026)
Centros de datos en EE. UU. (2023)176 TWh — el 4,4 % de la electricidad del paísLawrence Berkeley National Laboratory (2024)
Consulta de texto mediana en Gemini, medida en producción0,24 Wh y 0,26 ml de aguaElsworth et al., Google (2025)
Consulta de 400 tokens en Le Chat, análisis de ciclo de vida1,14 gCO₂e y 45 ml de aguaMistral AI con Carbone 4 y ADEME (2025)
Rango entre el modelo más y el menos eficiente por consulta largade 0,45 Wh a más de 29 Wh (×65)Jegham et al. (2025)
Huella hídrica global de la IA proyectada para 20274.200-6.600 millones de m³ anuales (retirada)Li et al. (2023) / Barnett-Itzhaki (2026)

En este artículo vas a descubrir

• Por qué las cifras públicas no son comparables entre sí, y los cinco parámetros que hay que fijar antes de comparar nada.

• Las cifras agregadas de consumo eléctrico, con sus escenarios y sus intervalos de incertidumbre.

  • El consumo por consulta: todas las mediciones disponibles puestas en la misma tabla, con su metodología.
  • El agua: los tres «grifos» distintos que casi nadie distingue y que explican la mayor parte de las discrepancias.
  • Entrenamiento frente a inferencia: dónde se sitúa actualmente el gasto real.

• Por qué el problema no es global sino local, con los casos de Virginia del Norte, Irlanda, Oregón y São Paulo.

• Qué palancas reducen el impacto de verdad, cuantificadas.

  • Una lista de comprobación de seis preguntas para auditar cualquier titular sobre consumo de IA.

Por qué las cuentas no cuadran: cinco parámetros que nadie fija

En julio de 2025 se produjo un acontecimiento revelador. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, dio a conocer que una petición promedio dirigida a ChatGPT requiere 0,34 Wh y cerca de 0,32 mililitros de agua. Poco después, Mistral AI dio a conocer el primer análisis de ciclo de vida integral sobre un modelo lingüístico comercial y cifró el agua de una respuesta de 400 tokens en 45 mililitros. Dos compañías del mismo ámbito, durante el mismo mes, con una disparidad superior a cien veces en idéntica métrica.

Ninguna de las dos está necesariamente equivocada. Están midiendo cosas distintas, y ahí está el verdadero problema de este debate. Una revisión sistemática de 88 estudios revisados por pares publicada en Renewable and Sustainable Energy Reviews encontró que la energía por tarea en inferencia abarca más de tres órdenes de magnitud en la literatura científica, con la generación de imágenes consumiendo alrededor de 1.450 veces más que una tarea básica de clasificación de texto [3].

Antes de comparar dos cifras sobre consumo de IA hay que comprobar que coinciden en estos cinco parámetros:

ParámetroOpciones posiblesEfecto en la cifra
Frontera del sistemaSolo el acelerador; acelerador + servidor; + capacidad inactiva; + sobrecoste del centro de datos (PUE); + fabricación del hardwarePuede multiplicar el resultado por 2 o por 3
Agua: retirada o consumoAgua retirada de la cuenca frente a agua efectivamente evaporada y no devueltaDiferencias de un orden de magnitud
Alcance del aguaDirecta (refrigeración, alcance 1); indirecta (generación eléctrica, alcance 2); incorporada (semiconductores, alcance 3)El alcance 2 suele superar al 1
Tipo de tareaConsulta corta; respuesta larga; razonamiento extendido; imagen; vídeoHasta ×1.450 según la revisión sistemática
Modelo y despliegueModelo pequeño cuantizado frente a modelo frontera; lotes grandes o peticiones sueltas; ubicación y clima del centro de datosHasta ×65 entre modelos; hasta ×100 por la planificación de peticiones

A esto se añade un problema estructural de transparencia. Un trabajo publicado en Patterns en 2025 lo expone sin rodeos: los informes medioambientales de los operadores de centros de datos no distinguen entre cargas de IA y cargas que no lo son, de modo que la huella de la IA solo puede aproximarse a partir de métricas generales del centro de datos; y en muchos casos la información publicada no permite ni determinar el total de la compañía [1].

Cuánta electricidad consumen los centros de datos

Aquí las cifras resultan más firmes, ya que se apoyan en fuentes institucionales con metodologías transparentes. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) encabeza estas estimaciones: en su reporte Energy and AI, publicado en abril de 2025, calculó una demanda mundial de los centros de datos de aproximadamente 945 TWh en 2030, una cantidad equivalente al gasto eléctrico anual de Japón. Por su parte, la edición de Electricity 2026 ubica la base de 2025 cerca de los 485 TWh, lo que equivale al 1,5 % de la energía global, de los cuales unos 155 TWh se destinan exclusivamente a infraestructuras de IA.

FuenteÁmbitoCifra actualProyecciónNota metodológica
AIE, Electricity 2026 / Energy and AIMundial, todos los centros de datos≈485 TWh (2025), 1,5 %≈945 TWh en 2030 (≈3 %); ≈1.200 TWh en 2035Escenario base; la propia AIE subraya la incertidumbre macroeconómica y de adopción [3]
Lawrence Berkeley National Laboratory (2024)Estados Unidos176 TWh (2023), 4,4 %325-580 TWh en 2028 (6,7 %-12 %)Encargado por el Departamento de Energía; el 12 % es el extremo alto, no una estimación central
Chen et al., Communications Sustainability (2026)Mundial, solo infraestructura de IA de las seis grandes tecnológicas≈118 TWh (2024)239-295 TWh en 2030 (≈1 % mundial)Combina análisis documental con modelización de escenarios [10]
Aczel et al. (2026)Mundial, con desglose IA / no IA448 TWh (2025), IA ≈20 %945 TWh en 2030, IA ≈40 %Informe de síntesis [14]
Fan et al., Energy and Climate Change (2026)Mundial, horizonte largo—1.800-5.000 TWh en 2050 según escenario socioeconómicoMarco SSP; el rango refleja incertidumbre real, no desacuerdo [8]
Turkay et al., PLOS One (2026)Mundial, escenario de continuidad—Hasta el 30 % de la demanda eléctrica mundial en 2050Escenario extremo de continuidad de tendencias, no previsión central [12]

Se pueden extraer dos lecturas compatibles de esta tabla. Por un lado, a escala global, la inteligencia artificial representa todavía un porcentaje reducido de la red eléctrica global —aproximadamente el 0,5 % en la actualidad, con proyección de alcanzar entre el 1 % y el 1,2 % hacia 2030, basándose en la previsión más prudente [10]—. Por otro lado, la velocidad de expansión carece de antecedentes recientes dentro del sector eléctrico, dándose la circunstancia de que las redes de suministro requieren márgenes de siete a diez años para su planificación, al tiempo que un centro de datos se levanta en un período de dos.

Un dato que refleja dicha discrepancia: una simulación de dinámica de sistemas dada a conocer en Sustainable Futures centrada en Virginia del Norte —el núcleo mundial de centros de datos, donde estos ya absorben cerca del 25 % de la energía eléctrica local— revela que la reserva proyectada descenderá por debajo del umbral aconsejado del 17,7 % en un plazo de tres a cinco años, y que la proporción destinada a estas instalaciones llegará al 36 %-40 % del gasto energético de la zona para 2031 [17].

Cuánto demanda una única petición

Esta cifra resulta ser la más repetida y, al mismo tiempo, la menos certera. Durante mucho tiempo, los cálculos se elaboraron desde una perspectiva externa, basándose en conjeturas sobre el uso y el hardware. No fue hasta agosto de 2025 cuando vio la luz el primer registro en condiciones reales de funcionamiento: Google monitorizó el sistema encargado de dar soporte a Gemini y determinó que la petición textual media demanda 0,24 Wh de energía y 0,26 ml de agua, lo cual equivale a nueve segundos de emisión televisiva y al volumen de cinco gotas [23].

Ese cometido cobra relevancia por un par de motivos que van más allá de la simple cifra. Por un lado, el perímetro del sistema abarca tanto la energía del acelerador activo y el equipo principal como la potencia ociosa de los equipos y el gasto energético adicional del centro de datos; en otras palabras, se trata de una medición exhaustiva y no de una estimación favorable de GPU. Por otro lado, registra un descenso de 33 veces en energía y 44 veces en huella de carbono por consulta mediana en un solo año, logro derivado de la optimización del software y la adquisición de electricidad limpia. Por consiguiente, cualquier dato sobre el consumo por consulta previo a 2024 queda desfasado por múltiplos considerables.

MediciónEnergíaAguaMetodología
Gemini Apps, consulta de texto mediana (Google, 2025)0,24 Wh0,26 mlCálculo en producción, arquitectura integral abarcando capacidad ociosa y PUE [23]
ChatGPT, consulta media (declaración de OpenAI, 2025)0,34 Wh≈0,32 mlAnuncio oficial carente de metodología detallada o auditoría externa
Le Chat, respuesta de 400 tokens (Mistral, 2025)No desglosada45 mlEvaluación de ciclo de vida bajo norma ISO 14040/44, validada por Resilio junto con Hubblo; contempla 1,14 gCO₂e y 0,16 mg Sb eq
30 modelos comerciales, consulta corta (Jegham et al., 2025)0,42-0,45 Wh el más eficienteCálculo mediante factores corporativosCálculo estadístico de la infraestructura a partir de información pública de API [11]
Los mismos 30 modelos, consulta largaMás de 29 Wh el de mayor consumo (×65)—Idéntico al caso previo [11]
Correo de 120-200 palabras con Llama-3-70B (Shumba et al., 2024)—≈0,12 lCálculo basado en el uso hídrico nacional a lo largo de 11 naciones africanas [16]
El mismo correo con un modelo de clase GPT-4—Hasta ≈2,6 lIdéntico al caso previo; el rango varía notablemente según la nación [16]

La moraleja práctica no aboga por el consumo escaso ni por el desmedido. Más bien, se deduce que la selección del modelo y su modalidad de servicio influyen mucho más que la mera decisión de implementar IA o prescindir de ella. Una investigación empírica centrada en H100 reveló que organizar temporalmente el flujo de solicitudes disminuye la energía requerida por cada consulta hasta cien veces, constatando además que el beneficio derivado de emplear precisión reducida surge únicamente en escenarios condicionados por la capacidad de cálculo [20]. Por otro lado, un análisis enfocado en 14 arquitecturas abiertas que oscilan entre 6.000 y 34.000 millones de parámetros determinó que escalar el tamaño incrementa notablemente el gasto energético sin aportar ganancias de exactitud equivalentes, evidenciando que, para numerosas labores, las opciones intermedias alcanzan o rebasan el rendimiento de las mayores con un coste energético notablemente inferior [21].

Hay además un descubrimiento contraintuitivo que resulta útil tener presente: durante un análisis multilingüe enfocado en NVIDIA H200 que superó las 5.100 ejecuciones, el consumo energético experimentó variaciones de hasta tres veces entre opciones con idénticas cargas de trabajo, la vinculación entre gasto de energía y desempeño lógico demostró ser escasa (ρ de Spearman = 0,109; p = 0,386), y el idioma de la consulta se comportó como un parámetro medible de despliegue: las lenguas romances requirieron en promedio un menor gasto energético que el inglés en diversos modelos [5].

El agua: tres grifos distintos

El agua es donde más se confunde el debate público, y la razón es sencilla: hay tres flujos distintos y casi nunca se dice cuál se está contando.

1. Agua directa (alcance 1). La que se evapora en el interior de las torres de refrigeración del centro de datos. Se trata del volumen que suele acaparar los titulares y el único sobre el cual el operador ejerce un control directo.

2. Agua indirecta (alcance 2). La que se consume generando la electricidad que alimenta el centro de datos: refrigeración de centrales térmicas y nucleares, evaporación en embalses hidroeléctricos. Suele ser mayor que la directa. En el clúster de São Paulo, con una carga informática de unos 550 MW y una huella hídrica anual estimada de 16,1 millones de m³, más del 46 % es «agua virtual» consumida en la generación hidroeléctrica[7].

3. Agua incorporada (alcance 3). La de la fabricación de semiconductores y del resto de la cadena de suministro del hardware.

Esta distinción explica por qué una red eléctrica baja en carbono no es automáticamente baja en agua, un punto que el informe de Aczel et al. subraya expresamente [14]. Y explica también una paradoja geográfica: la hidroelectricidad, bandera de la descarbonización, genera un bucle de realimentación en el que la demanda del centro de datos presiona sistemas de agua y energía ya comprometidos por el cambio climático [7].

CálculoAlcance y periodoVolumenEn qué consiste concretamente
Li et al. (2023), recogido por Barnett-Itzhaki (2026)Global, IA, 20274.200-6.600 millones de m³/añoExtracción hídrica, sin contabilizar el consumo neto [2]
Patterns (2025)A nivel mundial, exclusivamente para cargas de IA, 2025312.500-764.600 millones de litros (0,31-0,76 miles de millones de m³)Gasto estimado mediante parámetros estándar de centros de datos [1]
Nature Sustainability (2025)Estados Unidos, infraestructura de inteligencia artificial, 2024-2030731-1.125 millones de m³/añoGasto de agua anual, variando según el nivel de implementación [6]
Entrenamiento de un modelo de clase GPT-3Un modelo, ciclo completo≈1,3 GWh y ≈5,4 millones de litrosRegistros del ciclo vital obtenidos en una auditoría legal y técnica [24]
Mistral Large 2 (2025)Una unidad, fase de aprendizaje y año y medio de explotación20,4 ktCO₂e y 281.000 m³ de aguaEvaluación del ciclo vital; el 91 % del recurso hídrico se vincula al entrenamiento y la inferencia
Serie de modelos de 20M a 13.000M de parámetros (2025)Creación integral de una gama de sistemas493 t de CO₂ y 2,769 millones de litrosAbarca la producción de componentes y la investigación; la creación representó cerca de la mitad de la huella del entrenamiento definitivo [22]

Nótese la diferencia entre la primera y la segunda fila: un orden de magnitud. No se trata de un fallo en ninguna de las dos labores, sino de que la primera calcula la retirada y la segunda la huella atribuida a cargas de IA. Todo texto que equipare ambas como si fueran idénticas magnitudes carece de rigor.

La localización importa más que el volumen agregado. Dos tercios de los nuevos centros de datos estadounidenses se sitúan en zonas con estrés hídrico [18], y un análisis en PLOS Water identifica cuatro preocupaciones documentadas en litigios y expedientes públicos en Estados Unidos: erosión de la gobernanza democrática del agua, uso insostenible con subida de tarifas, pérdida de flexibilidad en la toma de decisiones hídricas, y aumento del uso de agua por la vía del incremento de la demanda eléctrica [13].

Entrenamiento frente a inferencia: dónde está el coste real

Durante años el relato se centró en el entrenamiento: las cifras espectaculares de un modelo frontera entrenándose durante semanas. Ese marco está desfasado. Los informes del sector indican que la inferencia, no el entrenamiento, concentra más del 90 % del consumo total de energía de un servicio de IA en explotación [19], y una síntesis en Open Praxis recoge un estudio que estima la huella de carbono de la fase de uso en 25 veces la del entrenamiento inicial [18].

Esto acarrea tres efectos que transforman por completo el debate:

  • El precio depende del uso, no de la fase de creación. Un sistema optimizado que se ejecute mil millones de veces a diario tiene un impacto mayor que uno ineficaz entrenado en una única ocasión.

• El cuello de botella se desplaza a la ingeniería de servicio. La cuantización, la dimensión de los lotes, la calendarización de solicitudes y la selección del motor de inferencia son capaces de disminuir la energía global en hasta un 73 % en comparación con un ajuste carente de optimización [4].

• Aparece el efecto rebote. La paradoja de Jevons se documenta explícitamente en esta literatura: las mejoras de eficiencia abaratan el servicio y aumentan la demanda total [18]. Jegham et al. lo formulan como «una paradoja creciente: a medida que la IA se vuelve más barata y más rápida, la adopción global impulsa un consumo de recursos desproporcionado» [11].

Adicionalmente, existe un aspecto de ingeniería eléctrica poco divulgado que resulta clave para la organización de la red: la demanda energética durante la fase de entrenamiento no es constante. A través de un monitoreo exhaustivo basado en series temporales, se detectaron fluctuaciones que van desde el 15 % hasta el 85 % de la capacidad máxima de los equipos, lo cual genera repercusiones desfavorables para la estructuración a gran escala [22].

El inconveniente no es general, sino local

Si uno mira solo los agregados mundiales, el impacto de la IA parece manejable. El problema es que la infraestructura no está repartida: Norteamérica, Europa Occidental y Asia-Pacífico concentran más del 90 % de la capacidad de cómputo proyectada[10], y dentro de esas regiones la concentración vuelve a producirse en un puñado de nodos.

TerritorioSituación documentadaFuente
Virginia del Norte (EE. UU.)Los centros de datos ya consumen ≈25 % de la electricidad regional; el margen de reserva cae bajo el umbral en 3-5 años; cuota del 36 %-40 % en 2031Sustainable Futures (2026) [17]
Oregón, Virginia e IrlandaÍndice de estrés eléctrico (PSI) superior a 0,25, indicador de vulnerabilidad local de redChen et al. (2026) [10]
Irlanda (EirGrid) y Dominion (EE. UU.)Dificultad para acomodar los nuevos centros necesarios; relajar las garantías de fiabilidad multiplica por 1,5-4,6 la capacidad disponibleLin et al. (2023) [15]
São Paulo (Brasil)16,1 millones de m³ anuales de huella hídrica para ≈550 MW; más del 46 % agua virtual de hidroeléctrica sensible a sequíaCambridge Prisms: Water (2026) [7]
Texas y JapónSistemas diversificados capaces de absorber la nueva carga sin estrés comparableChen et al. (2026) [10]
8 de 11 países africanos analizadosConsumen menos agua por consulta que la media mundial, por menor intensidad hídrica de su generación eléctrica; los de clima estepario, másShumba et al. (2024) [16]

La última fila merece atención porque contradice la intuición habitual. La huella de una consulta idéntica puede variar de forma sustancial según el país donde se ejecute, y no siempre en la dirección que se supone. La ubicación del centro de datos y el diseño de su refrigeración influyen en el impacto ambiental tanto como la eficiencia del hardware[25].

Qué mitiga realmente el impacto

Esta faceta literaria recibe escasas menciones en los medios, a pesar de ser la más práctica. Sus proporciones se encuentran medidas:

PalancaReducción documentadaLímite prácticoFuente
Organización temporal del flujo de solicitudesHasta ×100 en gasto energético por consultaDemanda supervisión del tráfico; afecta a la latencia[20]
Conjunto de mejoras para la inferencia (cuantización, procesamiento por lotes, motor)Hasta el 73 % de la energía totalAltamente dependiente del hardware y de la carga de trabajo[4]
Seleccionar un modelo intermedio en lugar de uno grandePrestaciones equivalentes o superiores con un consumo energético muy inferior en múltiples tareasSujeto al tipo de tarea; no aplica universalmente[21]
Prácticas óptimas integradas en centros de datos de inteligencia artificial (EE. UU.)Hasta un 73 % en emisiones y un 86 % en huella hídricaCondicionado por las limitaciones de la red eléctrica actual[6]
Sistemas de refrigeración avanzados (liquidez directa)Hasta un 50 % de la electricidad destinada a climatizaciónExige modificar la infraestructura existente[25]
Emplazamiento en zonas con baja huella de carbono y seguridad hídricaAlrededor del cincuenta por ciento de la huella total combinadaEntra en conflicto con los requisitos de red y latencia[25]
Simbiosis con plantas depuradoras: uso de agua tratada para refrigerar y aprovechamiento térmico para la instalación≈84 Mt CO₂e/año, ≈1.300 millones de m³ de agua dulce y ≈95.400 millones de dólares de ahorro neto anualPrecisa coubicación; mayor impacto previsto en EE. UU., Japón, China, Países Bajos y Reino Unido[9]
Desvío de tráfico según la huella de carbono y refrigeración líquidaEntre un 40 % y un 60 % de disminución del impacto ambientalSoluciones viables y económicas en la actualidad, aunque con baja implantación[24]

El trabajo sobre simbiosis entre centros de datos y depuradoras merece mención aparte por su escala: construye una geobase de más de 4.775 centros de datos y 57.547 depuradoras municipales en 98 países, y encuentra una fuerte coocurrencia espacial entre ambos tipos de instalación que permitiría emparejamientos optimizados a escala nacional [9]. Es el tipo de solución que no requiere ningún avance tecnológico pendiente, solo planificación.

El contrapunto es igual de importante: el análisis de Nature Sustainability concluye que, aun aplicando las mejores prácticas, el sector de servidores de IA difícilmente alcanzará sus objetivos de cero neto en 2030 sin recurrir a mecanismos de compensación de carbono y de restauración hídrica de efectividad muy incierta[6].

Cómo auditar cualquier titular sobre consumo de IA

Seis preguntas. Si un titular o un informe no permite responderlas, el dato no es utilizable:

1. ¿De qué año es la medición? Google documentó una mejora de 33 veces en energía por consulta en doce meses. Una cifra de 2023 no describe 2026.

2. ¿Qué incluye la frontera del sistema? ¿Solo la GPU, o también el servidor, la capacidad inactiva, el PUE del edificio y la fabricación del hardware?

3. En agua, ¿retirada o consumo? ¿Y de qué alcance: refrigeración, generación eléctrica o fabricación de chips?

4. ¿Qué tarea específica se evaluó? Una consulta breve de texto y la creación de un clip audiovisual no constituyen la misma unidad de análisis.

5. ¿Es medición, estimación o declaración? Hay tres niveles de evidencia muy distintos: medición instrumentada en producción, inferencia estadística desde datos públicos de API, y declaración corporativa sin metodología.

6. ¿Está normalizada por utilidad? Valorar la energía consumida por cada consulta sin especificar la calidad del resultado obtenido impide establecer comparaciones justas. Por esta razón se sugiere el uso de indicadores compuestos como AI Energy Score, capaces de reflejar la eficiencia del razonamiento por cada unidad de energía empleada [5].

Lo que todavía no sabemos

Un artículo honesto tiene que decir dónde se acaba la evidencia. En este campo, las lagunas son grandes y están documentadas:

  • No existen evaluaciones integrales y revisadas por pares acerca de los modelos de razonamiento o de la inteligencia artificial agéntica. Así lo subraya de forma explícita un análisis sistemático de 88 investigaciones: se trata de una categoría novedosa que carece de métricas exhaustivas divulgadas [3]. Teniendo en cuenta que estas tecnologías producen una cantidad muy superior de tokens por cada operación, este vacío representa, con casi total seguridad, la carencia más significativa en la actualidad.

• No existen datos fiables de ciclo de vida de las GPU, ni factores de evaluación ampliamente disponibles, ni un estándar establecido de análisis de ciclo de vida para modelos de lenguaje. Lo reconoce la propia Mistral en su auditoría.

• Los operadores no desglosan cargas de IA frente a cargas convencionales en sus informes ambientales, lo que impide atribuir impactos con precisión [1].

  • Los registros municipales sobre el uso del agua casi nunca se divulgan de forma abierta. Las administraciones municipales y las compañías suministradoras no siempre los ponen a disposición de la ciudadanía, por lo cual resulta indispensable pedirlos mediante los mecanismos de acceso a la información [13].

• La atribución transfronteriza sigue sin resolverse. Se ha planteado un esquema híbrido capaz de asignar la huella operativa a las naciones anfitriones, mientras que los impactos incorporados y de servicio recaen en las consumidoras, si bien todavía no se alcanza un consenso [24].

Preguntas frecuentes

¿Cuánta energía consume una consulta a ChatGPT o a Gemini?

La única medición instrumentada en un entorno de producción disponible es la de Google para Gemini: 0,24 Wh de energía y 0,26 ml de agua para la consulta de texto mediana, con una frontera de sistema que incluye acelerador, servidor anfitrión, capacidad inactiva y sobrecoste del centro de datos [23]. OpenAI ha declarado 0,34 Wh y unos 0,32 ml para ChatGPT, sin publicar metodología. Para consultas largas y modelos intensivos, los estudios independientes miden hasta más de 29 Wh [11]. No existe una cifra única válida: depende del modelo, de la longitud de la respuesta y de cómo se sirva.

¿Es verdad que la IA consume mucha agua?

Dependiendo del enfoque adoptado, las estimaciones cambian notablemente. Para una solicitud individual, los registros oscilan entre los 0,26 ml reportados por Gemini en entornos reales y los 45 ml calculados por Le Chat mediante un análisis del ciclo de vida abarcando 400 tokens. Globalmente, las estimaciones para la inteligencia artificial a escala planetaria se sitúan entre 0,31 y 0,76 mil millones de metros cúbicos para 2025, tal como indica Patterns[1], mientras que Li et al. proyectan extracciones anuales de entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos para 2027 [2]. El contraste fundamental no radica tanto en la magnitud material como en los criterios conceptuales empleados: extracción versus consumo, además del alcance directo frente al indirecto.

¿Qué pesa más, entrenar un modelo o usarlo?

Usarlo. La inferencia concentra más del 90 % del consumo energético de un servicio en explotación[19], mientras que diversos cálculos documentados en la bibliografía especializada indican que la huella de carbono generada durante la fase operativa multiplica por 25 la del entrenamiento inicial [18]. Si se analiza el caso concreto de Mistral Large 2, el 91 % del agua consumida y el 85,5 % de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen, de forma combinada, de ambas etapas de entrenamiento e inferencia.

¿Qué porcentaje de la electricidad mundial consume la inteligencia artificial?

En conjunto, las instalaciones de servidores demandaron alrededor de 485 TWh durante 2025, lo que equivale más o menos al 1,5 % de la energía eléctrica a nivel global, y de esa cifra cerca de 155 TWh recayeron en centros enfocados en inteligencia artificial. Dicho de otro modo, la IA ronda el 0,5 % del consumo eléctrico mundial. Hacia 2030, la AIE prevé que el gasto energético total de estas infraestructuras alcance aproximadamente 945 TWh, lo que significará cerca del 3 %, con una mayor cuota de protagonismo por parte de la inteligencia artificial.

¿Solucionan las mejoras de eficiencia el inconveniente?

Solo de manera parcial. Las simulaciones predictivas revelan que, a pesar de que el rendimiento operativo aumenta de manera notable, el consumo total se multiplica cerca de diez veces debido al incremento en la frecuencia de utilización [12]. Hablamos del efecto rebote o paradoja de Jevons, un fenómeno registrado formalmente en estos estudios [18]. Aquellos panoramas que consiguen abatir más gases contaminantes unifican una menor cantidad de arquitecturas junto con una migración hacia energía eléctrica limpia, rebasando por más de veinte puntos porcentuales el impacto que genera la optimización aislada [12].

¿Es capaz la energía renovable de satisfacer la demanda de la inteligencia artificial?

En principio sí, aunque con matices. Tras examinar sistemáticamente 88 investigaciones, se determina que esto resulta factible únicamente si se dinamiza la implantación, se transita del balance anual de energía limpia al emparejamiento horario —conocido como 24/7 carbon-free energy— y se implementan normativas ajustadas a cada región. Los mecanismos de adquisición energética difieren notablemente: la llamada «brecha de adicionalidad» separa los certificados desagregados de la sincronización horaria efectiva [3].

¿De qué manera puede una compañía que emplea inteligencia artificial disminuir su impacto ambiental?

Cuatro decisiones con impacto cuantificable, dispuestas según su repercusión: optar por la versión más ligera que cumpla con el objetivo en vez de la alternativa más potente[21]; agrupar solicitudes por lotes y coordinar su flujo en lugar de despacharlas individualmente [20]; elegir el proveedor y la ubicación basándose en la huella de carbono y la escasez hídrica local, y no meramente en la latencia o la tarifa [25]; así como demandar al prestador de servicios métricas detalladas de consumo energético e hídrico por cada petición respaldadas por metodologías transparentes, huyendo de cifras globales.

Enfoque y alcance de este texto

Este artículo se ha elaborado a partir de bibliografía evaluada por expertos hallada mediante exploración semántica en repositorios científicos (Semantic Scholar, OpenAlex y PubMed por medio de Consensus), reforzada con tres clases de datos primarios no académicos: documentos oficiales de instituciones públicas (Agencia Internacional de la Energía, Lawrence Berkeley National Laboratory por encomienda del Departamento de Energía de Estados Unidos), estudios de ciclo vital editados por compañías con auditoría externa (Mistral AI junto a Carbone 4, ADEME, Resilio y Hubblo), y registros de rendimiento operativo dados a conocer por proveedores (Google).

Tres límites que el lector debe tener presentes:

  • Las cifras de 2030 y los años siguientes se plantean como escenarios, y no como simples previsiones. La mención de horquillas amplias responde a una incertidumbre auténtica que aparece cuantificada en la fuente original, y no a discrepancias entre los especialistas.

• Las declaraciones corporativas sin metodología publicada se identifican como tales y no se tratan como equivalentes a mediciones instrumentadas o a análisis de ciclo de vida revisados.

  • El ámbito evoluciona vertiginosamente: el avance multiplicado por 33 que Google documentó en el transcurso de un año significa que cualquier métrica por solicitud requiere una datación exacta. Este texto refleja los datos accesibles a fecha de 3 de noviembre de 2026.

Referencias

1. The carbon and water footprints of data centers and what this could mean for artificial intelligence — Patterns, 2025. DOI: 10.1016/j.patter.2025.101430

2. Barnett-Itzhaki, Z. The water footprint of artificial intelligence: Emerging solutions and governance imperatives — Water Research, 2026. DOI: 10.1016/j.watres.2026.125866

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Fuentes institucionales y corporativas

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• Our World in Data. How much energy do data centers and artificial intelligence use? (serie basada en datos de la AIE).

Las cifras por consulta de los servicios comerciales de IA cambian con rapidez: cualquier dato de esta naturaleza debe comprobarse contra la medición más reciente del proveedor.

Por Sofía Castillo

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